La Quesera de Rueda es el taller de creación del maestro quesero Miguel Pérez, que ha conseguido diversificar su producción a partir de la leche de oveja entrando en el terrero de los blandos. Una pequeña industria familiar innovadora que satisface la demanda de un mercado cada vez más selectivo, sin abandonar el castellano, bandera de su producción

“El mundo del queso está en plena expansión”. “El consumidor español está todavía a mucha distancia del centroeuropeo, pero comienza a valorar más tipologías en el queso”. Por estas razones, Miguel Pérez no se ha limitado a elaborar sólo el queso castellano, al que dedica un 80% de su producción. Los de leche cruda -con una curación no muy larga-, cilíndricos y de pasta prensada representan la gran aportación de esta región a los quesos de gran calidad. Pero conviene no olvidar, dice, que se inicia un buen momento para la cultura del queso, ya que se aceptan y demandan más variedades. “Estamos en el mejor momento para los quesos blandos, los de untar, con sabores diferentes, pues ocupan un hueco en el consumo familiar y en la cocina tradicional y moderna. La torta es un buen ejemplo, de ahí que desde La Quesera de Rueda hayamos apostado por un formato de 200 gramos que encaja perfectamente en la tabla de quesos y en el plato, formando parte del menú de un restaurante”.

Miguel Pérez pertenece a una de las sagas familiares del sector alimentario más consolidadas de la región. Este joven vallisoletano siempre tuvo clara su inclinación y apuesta por el lácteo. Estudió Biológicas en León e inmediatamente recaló en Inglaterra, en el Condado de Cheshire. Fue precisamente la nación del queso de vaca su primer contacto con el mundo alimentario, pues allí logró su titulación en Ingeniería Técnica de Alimentación (B. Tech. in ‘Food&Dairy Technology’ at Cheshire College of Agriculture) a finales de los 80. Del 90 al 92 ejerció como técnico de alimentación en Queserías Boffard, en Valladolid, del Grupo Osborne.